Christian Faith in Action

Words of the Priest / Palabras del Sacerdote

Monopolizing the Spirit

John said to him, “Teacher, we saw someone casting out demons in your name, and we tried to stop him, because he was not following us.” But Jesus said, “Do not stop him; for no one who does a deed of power in my name will be able soon afterward to speak evil of me. Whoever is not against us is for us.Mark 9:38-40

Exclusivism was not part of Jesus’ teachings, even less that of keeping faculties only for those who were part of the “selected” group of disciples. Indeed, in this Gospel reading, Mark teaches us that for Jesus, whoever is not against him is for him. I fear that we, as a Church, are prone to forget this. Sometimes, even I have experienced some attempt to monopolize the Spirit, pretending that only in certain occasions and by a selected group of people the Spirit is made present. John is an example in this reading of how we can misunderstand the mission of Jesus and how we can fall into exclusivism and monopolization of his mission.  

Pope Saint John Paul II wrote in his encyclical letter Redemptoris Missio (§20) that the inchoate reality of the kingdom can also be found beyond the confines of the Church among peoples everywhere, to the extent that they live "gospel values" and are open to the working of the Spirit who breathes when and where he wills (cf. Jn 3:8). For this reason, the idea of recognizing the movement of the Spirit in other people and groups that are not necessarily Catholics and even Christians should not be alien to us. Any moral good action is good regardless of who is doing it. And any expression of true love comes from God, who is Love, regardless of the person sharing it.

The Gospel values, like compassion, are not exclusively Catholic, or Christian. The same way Jesus opened John’s eyes, we ask Him to open ours, so we can see beyond any denomination, affiliation, name, or walls; and start seeing all the good that is in the world and comes from others, even when we do not always walk together.

 


Monopolizando el Espíritu

“Maestro”, dijo Juan, “vimos a uno echando fuera demonios en Tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía”. Pero Jesús dijo: “No se lo impidan, porque no hay nadie que haga un milagro en Mi nombre, y que pueda enseguida hablar mal de Mí. Pues el que no está contra nosotros, por nosotros está”. Marcos 9, 38-40

El exclusivismo no formaba parte de las enseñanzas de Jesús, mucho menos el de mantener facultades solo para aquellos que formaban parte del grupo de discípulos "seleccionados". De hecho, en esta lectura del Evangelio, Marcos nos enseña que, para Jesús, quien no está en su contra, está a favor de él. Me temo que nosotros, como Iglesia, tendemos a olvidar esto. A veces, incluso, he visto cómo algunos intentan acaparar el Espíritu, pretendiendo que sólo en determinadas ocasiones y por un grupo selecto de personas el Espíritu se hace presente. Juan es un ejemplo en esta lectura de cómo podemos malinterpretar la misión de Jesús y cómo podemos caer en el exclusivismo y el monopolio de su misión.

El Papa San Juan Pablo II escribió en su encíclica Redemptoris Missio (§20) que la realidad incipiente del Reino puede hallarse también fuera de los confines de la Iglesia, en la humanidad entera, siempre que ésta viva los « valores evangélicos » y esté abierta a la acción del Espíritu que sopla donde y como quiere (cf. Jn 3, 8). Por eso, la idea de reconocer el movimiento del Espíritu en otras personas y grupos que no son necesariamente católicos e incluso cristianos no debe ser ajena a nosotros. Cualquier buena acción moral es buena independientemente de quién la realice. Y cualquier expresión de amor verdadero proviene de Dios, que es Amor, independientemente de la persona que lo comparte.

Los valores del Evangelio, como la compasión, no son exclusivamente católicos o cristianos. De la misma manera que Jesús abrió los ojos de Juan, le pedimos que abra los nuestros, para que podamos ver más allá de cualquier denominación, afiliación, nombre o paredes; y empezar a ver todo lo bueno que hay en el mundo y viene de los demás, incluso cuando no siempre caminemos juntos.