Christian Faith in Action

Words of the Priest / Palabras del Sacerdote

Uneven Grounds

 

Before a king made a journey to a distant country, the roads he would travel were improved. Similarly, moral, and spiritual preparation for the Messiah was made by the ministry of John the Baptist. I find interesting the repetition of leveling the ground and the images used in our readings this Sunday: taking from the mountain and filling the valleys. Both Baruch and Isaiah (Luke uses the text from Isaiah 40) repeat it.

 

“For God has ordered that every high mountain and the everlasting hills be made low and the valleys filled up, to make level ground.” Baruch 5:7a

 

“A voice cries out: “In the wilderness prepare the way of the Lord, make straight in the desert a highway for our God. Every valley shall be lifted up, and every mountain and hill be made low; the uneven ground shall become level, and the rough places a plain.” Isaiah 40:3-4

 

This made me think about the uneven grounds we sometimes stand. Uneven grounds can be found in the different areas of our lives: uneven grounds in our family and in our relationships, uneven grounds in the places we work and society; even the bumpy roads in our faith. We know very well about the “unevenness,” we walk on everyday… and sometimes we say nothing. We get used to not talking to that family member with whom we had a minor disagreement, we get used to a toxic environment at work, we even get used to seeing people hungry on the streets and doing nothing about it.

 

We have to be like John the Baptist and CRY OUT. Unless we level those uneven grounds, we won’t be able to prepare the way of Jesus into our lives. We also need prophetic voices that CRY OUT the work that is needed to level those uneven grounds. In Hebrew, the word for voice is also used to translate thunder. There are moments in which we need voices that resemble thunders, to level up what is uneven, to denounce what is unjust, and to put an end to what is harming others.  


Caminos Desnivelados

 

Antes de que un rey hiciera un viaje a un país lejano, se mejoraron las carreteras por las que viajaría. De manera similar, la preparación del camino moral y espiritual para el Mesías fue hecha por el ministerio de Juan el Bautista. Encuentro muy interesante la repetición de nivelar el terreno y las imágenes utilizadas en nuestras lecturas de este domingo: tomando de la montaña y llenando los valles. Tanto Baruc como Isaías lo repiten (Lucas usa el texto de Isaías 40).

 

“Dios ha ordenado que se aplanen los altos montes y las colinas eternas, que las cañadas se rellenen y la tierra quede plana”. Baruc 5:7a

 

“Una voz grita: «Preparen al Señor un camino en el desierto, tracen para nuestro Dios una calzada recta en la región estéril. Rellenen todas las cañadas, allanen los cerros y las colinas, conviertan la región quebrada y montañosa en llanura completamente lisa”. Isaías 40:3-4

 

Esto me hizo pensar en los caminos desnivelados en los que a veces caminamos. Se pueden encontrar caminos desnivelados en las diferentes áreas de nuestra vida: caminos desnivelados en nuestra familia y en nuestras relaciones, caminos desnivelados en los lugares en los que trabajamos y en la sociedad; incluso los caminos llenos de baches en nuestra fe. Conocemos muy bien el “desnivel” en que caminamos todos los días… y a veces no decimos nada. Nos acostumbramos a no hablar con ese familiar que tuvimos un pequeño desacuerdo, nos acostumbramos al ambiente tóxico en el trabajo, incluso nos acostumbramos a ver gente hambrienta en las calles y no hacemos nada al respecto.

 

Tenemos que ser como Juan el Bautista y alzar nuestra voz. A menos que allanemos esos caminos desnivelados, no podremos preparar el camino de Jesús en nuestras vidas. También necesitamos voces proféticas que alcen la voz para anunciar el trabajo necesario para allanar esos caminos desnivelados. En hebreo, la palabra para voz también se usa para traducir trueno. Hay momentos en los que necesitamos voces que parezcan truenos para nivelar lo desigual, denunciar lo injusto y acabar con lo que daña a los demás.